¿Cuál será el próximo destino?

Check-in Bangkok: las primeras horas

Me despedí de Dubái una noche de luna llena increíble… siete horas más tarde mis pies tocaron tierra firme… llegué finalmente al Aeropuerto Suvarnabhumi en Bangkok – Tailandia.

Para poder hacer migraciones tuve que ir previamente a un puesto de control sanitario, presentar el certificado internacional de profilaxis de fiebre amarilla, llenar unos formularios donde te preguntan en que lugares estuviste los últimos quince días, aerolínea y número de vuelo en el que viajaste y lugar donde te quedarás al entrar al país. Hecho esto pasar por migraciones es muy rápido y te dan la visa para estar 90 días en el país.

1º parada – Centro de información: necesitaba un mapa de la ciudad y ver de qué manera podía llegar al hotel que había reservado en el Barrio Silom (mi única reserva para tres días, ya que él próximo destino lo iba a decidir sobre la marcha). Debo confesar que me llevó algún tiempo encontrar la zona a la cual debía ir, pero como no tenía ningún apuro disfrutaba de todo el proceso de viajar sin haber estudiado demasiado sobre cómo moverme. Finalmente es muy sencillo ponerse en marcha ya que el sistema de trenes te conecta con toda la ciudad. Para salir del Aeropuerto hay que ir hasta el segundo subsuelo y tomar el Rail Link que cuesta 45 Bahts para luego hacer conexión con el Skytrain, en mi caso hasta la estación Surasak.

El viaje me habrá llevado unos 50 minutos en total en los cuales pensé que iba a “morir” de hipotermia jajaja  ellos sí que saben poner el aire acondicionado bien bajito por lo que tengo que recomendarles lleven una camperita a mano para no tener que padecerlo como yo, pero eso si antes de bajar vuelvan a guardarlo porque el cachetazo que te pega el calor cuando se abren las puertas del tren es insoportable!!!!

2º parada – Mi hotel: mapa en mano, salgo de la estación y empiezo a caminar, hice una cuadra y empezó el acoso de los tuk-tuk para llevarme a lo cual mi respuesta  firme era: “No thanks”… sigo caminando… pasan siete cuadras y continúo sin encontrar algún cartel que me indique por donde estaba caminando y como no aparecía empecé a preguntar por el hotel, unos me marcaban un camino, otros el sentido contrario… les mostraba la dirección y no pasaba nada… cuando una señora me dio unas indicaciones con cierta seguridad decidí seguirlas pero llegué a un hotel cuyo nombre era casi casi igual al mío pero no era… le faltaba el INN. Ya en este momento mi estado de ánimo cambió por completo, me puse tensa, el calor era insoportable, la mochila se hacía cada vez más pesada, las gotas de sudor caían por mi cara sin parar, toda yo era un horror… deseaba llegar y darme una ducha. Seguí caminando y nuevamente hablé con la gente y esta vez el hombre al que le consulté yo creo que le di tanta lastima cuando me vio la cara de cachorro perdido que llamo a mi hotel y pidió instrucciones de cómo llegar desde donde estábamos, me muestra el camino y no pude más que llorar de la emoción, aunque pasaron desapercibidas entre tanta transpiración. No estuve lúcida en ese momento por lo que no se su nombre pero ¡Siempre le estaré agradecida por su ayuda y lo recordaré con su mirada… su sonrisa amable!, ahí confirmé realmente que los Tailandeses son amables, siempre dispuestos a darte una mano cuando la necesitas, no por nada son conocidos como el país “Smile”. En un callejón a cuatro cuadras de distancia ahí estaba como escondido mi hotel… tan cerca pero tan lejos…

Después de un check-in rápido, aire acondicionado, 1 litro de agua, una ducha fría extensa y ropa limpia volví a recobrar mi emoción de estar finalmente en Bangkok!!!!!!!

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